…va a ser esto:

Sumad velocidades, hamijos. Y esto es así SIEMPRE, no un pico ni una excepción. Y la conexión, de lo más normalita aquí; ninguna excentricidad ni nada especialmente caro.
A partir del viernes se acabó lo que se daba :/
En el vídeo no lo explico del todo bien, pero la cosa es que en el piso en el que estoy viviendo aquí en Copenhague, tenemos un bañito con váter y lavabo, pero sin ducha. Las duchas están fuera, y son compartidas con el resto de gente del edificio. Hay tres escaleras, dos con ducha en el sótano y la nuestra, que en vez de ducha tiene lavandería, así que cada mañana me tengo que pegar el paseillo de rigor a cielo abierto.
Estoy muy perruno, así que las fotos las pongo luego. Voy a echarme una siesta.
Hace un par de semanas fui con mi clase la redacción de Politiken, uno de los periódicos más leídos de Dinamarca —unos 450.000 lectores diarios, lo que no está nada mal teniendo en cuenta que el país tiene poco más de cinco millones y medio de habitantes—, y que está situada en la Rådhuspladsen («Plaza del Ayuntamiento») de Copenhague.
Una de las cosas más cojonudas de la escuela donde estoy estudiando estos meses es que, aunque te puedes pegar semanas sin hacer absolutamente nada de interés, de vez en cuando hay cosas con las que te das cuenta de que sí hay diferencia respecto a la manera de hacer las cosas en España. Por ejemplo, el día anterior a nuestra “excursión” al periódico vinieron a la universidad dos diseñadores gráficos —de lo más glorioso en el diseño escandinavo— a darnos unas charlas. Hace unas semanas vino otro diseñador brasileño —Felipe Taborda, que ha hecho unos carteles bastante chulos—, tenemos talleres paralelos con temas de todo tipo (desde hacer un cuchillo en cristal hasta hacer ilustraciones de noticias), y la mayoría de los profesores son tíos de mucho renombre en Dinamarca. En Barcelona también se hacen estas cosas, por supuesto, pero ni de lejos a este nivel.
Las dos ponencias de las que hablaba fueron el mismo día, una detrás de la otra, y creo que asistir fue de lo más interesante que he hecho en meses. El primero en hacer la presentación fue Ole Munk —de Ribergaard & Munk, cuya web es sorprendente mala—, arquitecto reconvertido en diseñador de periódicos, y como es lógico, nos hablo sobre diseño y distribución de contenidos en periódicos. Y creo que aprendí más en el par de horas que estuvo hablando que en todo el año pasado. Acojonantemente interesante.
El segundo fue Kenneth Schulz, el director creativo de la revista Euroman —que en papel es bastante mejor que en versión online, por cierto—, y nos habló de su trayectoria laboral y de los problemas que tiene en el día a día en su puesto. Bastante menos interesante que la anterior, porque se centro en su labor y no llegó a transmitirnos nada más allá de “en una revista así de grande no se tiene tiempo para intentar hacer nada nuevo”. En cualquier caso, nunca está de más ver trabajo ajeno, así que no fue una pérdida de tiempo.
Lo sorprendente del asunto es que vinieron en estas fechas básicamente porque estamos empezando un proyecto nuevo, y así nos facilitaban la decisión de qué hacer durante el siguiente mes. Visitamos el Politiken por el mismo motivo. Y es que una de las cosas que más me chocan aquí es que a la hora de hacer un proyecto para una asignatura en ningún momento te dicen qué puñetas has de hacer.
En España, nos dan un briefing con un problema y tenemos que solucionarlo lo mejor que podamos, como si fuera un proyecto real. Aquí, te dan un tema y tú haces literalmente lo que te dé la gana.
Eso en parte está bien, porque te permite hacer lo que más te apetezca y posiblemente cojas el proyecto con más ganas, pero como no estés muy inspirado es una tocada de huevos pegarte semanas sin saber qué vas hacer, ni cómo empezar. Ésa es la sensación que tengo de estos últimos tres meses: tenemos muchísima libertad, pero nos pegamos el 80% del tiempo más perdidos que un hijo de puta en el día del padre.
Con estas charlas, visitas y talleres intentan que nos aclaremos a la hora de decidir qué hacer, aunque no sé si con mucho éxito. Para este segundo proyecto ya tenía decidido desde prácticamente el primer momento qué iba a hacer —el diseño de una revista de videojuegos, aprovechando que uno de los profes es un diseñador de renombre en ese campo y tal—, pero hay mucha gente ideando unas pajas mentales que me dan terror. Auténtico terror y vergüenza ajena.
Y ahí se nota la diferencia: la gente aquí es capaz de idear chorradas de proporciones titánicas, y a mí sólo se me ocurren hacer cosas prácticas, que puedan ser usadas. Más feas o menos feas, pero coño, útiles. En Elisava te piden diseñar un restaurante —decoración, imagen corporativa, etc.—, en la Danmarks Designskole (y muchas otras escuelas de Europa) te dicen “el tema es «El Nómada Moderno»; haz lo que te salga de los huevos”, y claro, acaban saliendo cosas muy originales pero muchísimo más cerca del arte que del diseño, y me inquieta un poco.
Volviendo al tema del Politiken, el tío que sale en las fotos enseñando un cuadernito con ilustraciones, infografías y tal debía ser alguien importante en el departamento de diseño del periódico, pero no me enteré de nada porque estuvo hablando el 100% del tiempo en danés. Es una pena, porque pudo ser muy interesante, pero se quedó en un “bueno, al menos las instalaciones son chulas“. Aunque tampoco me quejo demasiado, porque en este tiempo ha sido la primera vez que ha pasado. Eso sí, la cantina de la redacción era cojonuda y por cuatro duros comimos como reyes.
Volviendo a casa me equivoqué de dirección a la hora de coger el cercanías —y es DIFÍCIL DE COJONES, pero en fin—, y aproveché para echar una foto al interior de los trenes, y a una estación a cielo abierto bastante fea.
Mientras venía hacia clase he estado pensando un montón de cosas que quería contar, pero se me ha ido el santo al cielo, me he puesto a canturrear una canción, y cuando me he querido dar cuenta se me habían olvidado la mayoría.
Mejor, así da para varios posts.
Usando un poco la cabeza, he llegado a la conclusión de por qué aquí la mayoría de las bicis usa el sistema de contrapedaleo para frenar en vez del que se viene usando en España.
Si alguna vez habéis ido en bicicleta bajo la lluvia, os habréis dado cuenta de que cuando la llanta se moja, los frenos normales además de no frenar un carajo hasta que por la propia fricción se secan, meten unos chirridos de impresión. Según cómo esté el asunto, los berridos que pegan son molestos de narices.
Lo de pedalear hacia atrás no te permite bloquear las ruedas prácticamente al instante como los otros frenos, y es mucho más incómodo en general, pero al menos funciona en cualquier condición y es silencioso. Y con la facilidad de que te llueva cuando menos te lo esperas que hay aquí, se agradece.
Aunque bueno, es mi teoría y lo más seguro es que no tenga nada que ver, pero bah, podría ser.
Siguiendo con el tema de bicis, el otro día descubrí uno de los motivos por los que hay tantas. Además de por lo versátiles que son para ir de un sitio a otro en una ciudad como ésta ?llana y con carriles bici por todas partes?, ser ecológicas y sanas, es que los coches son brutalmente caros en Dinamarca.
Por lo que leí en un foro [cuarta o quinta entrada], los impuestos son del 105% del precio del vehículo para los 10.000 primeros dólares (no sé cuántas coronas serán exactamente), y del 180% para el resto. Además, hay que añadir un ¿IVA? del 25% del precio original. Vamos, que según el tío que cuenta eso, por una moto de 14.000 dólares acabó pagando 42.300. En Motorpasión contaban el otro día que un Audi TT sale por lo que en España cuesta un Porsche 911 Carrera.
Imagino que por eso en este país la mayoría de los coches que ves por las calles son de lo más normales. En España hay una abundancia de Audis, BMWs y Mercedes que aquí no existe. De vez en cuando ves un cochazo ?me he cruzado con un par de Aston Martins, Porsches, un par de Corvettes clásicos preciosos y hasta un Viper?, pero por lo demás el nivel es mucho más modesto que en España.
Y oh, además han de pagar un “impuesto verde” anual, según lo que gaste el coche, además de los que se aplican al precio del combustible a la hora de repostar. Para muchísima gente, ir en bici es la única opción. Lo que no es necesariamente malo, por supuesto; a mí me encanta ir pedaleando de un sitio a otro, y cuantos menos coches haya más fácil es.
Y sigo con el tema, que da para mucho. Aquí las motillos de 49cc van por el carril bici. No mola un pelo que vayas tan ricamente a tu ritmo, y te pase un macarra con la moto a dos palmos. Nada de nada.
Y por cierto, la mayoría de los ciclistas en Barcelona ?e imagino que en cualquier ciudad española donde la gente suela ir en bici? se pasan los semáforos por el forro de los cojones, ¡pero aquí también! Pensaba que eso era exclusivo de sitios con poca cultura ciclista, pero parece que es algo universal.
No digo que en general no se respetan las normas mucho más que en España ?porque no hay color?, pero es sorprendentemente menos de lo que esperaba. Parece que tan poco están tan mal las cosas en casa.
En los trenes de cercanías, en algunos vagones hay unos soportes especiales para enganchar las bicis y que no se caigan.
Cambio de tercio. Aquí NO SE BAJA LA TAPA DEL VÁTER, esto es así. No sé por qué motivo, pero ni Cristo lo hace. En España tampoco se acostumbra, pero en un mes y medio no he encontrado un solo baño en el que esté así al entrar. Creo que se podría seguir mi rastro por la ciudad buscando váteres con la tapa bajada, porque tengo la impresión de que soy el único que lo hace ?esa manía tengo, mirusté.
Por otro lado, los váteres no son comunistas, sino modelo español, lo que siempre es de agradecer. Cuando estaba a punto de venir a Dinamarca me topé con ese ?glorioso? post, y se me cayeron los cojones al suelo ante tamaña aberración.
La semana que viene tengo fiesta. Es algo relacionado con la recolección de la patata, que por lo visto tradicionalmente se ha hecho en esta época, y hay festejos y demás. No me enteré muy bien del nombre de la fiesta en cuestión porque nos avisaron hace cosa de un mes y no le di muchas vueltas. Por lo que tengo entendido no todo el mundo tiene vacaciones estos días, pero al menos en mi universidad sí y se agradece. Mucho, yepayei.
Por cierto, aquí dividen el año en semanas. Por ejemplo, no se dice que la semana del 15 al 20 de tal mes es fiesta, sino que en la semana 43 no hay clase (o la que sea). Cuando lo escuché por primera vez me loleé, pero si lo piensas es bastante sensato. Para según qué cosas, es un sistema francamente práctico (“¿Cuándo es el concierto?”, “No estoy seguro, algún día de la semana 13″).
Los enchufes tienen caritas. Te sonríen. Es tremendo, porque me basta echar un ojo a uno para alegrarme el día. Literal. Es increíble que algo tan simple transmita tan buen rollo.
Los españoles cundimos un huevo. He conocido a un montón de Erasmus como yo simplemente por oírles hablar por la calle.
Además, este fin de semana la selección española juega aquí contra la danesa, así que la invasión total está muy cerca. Recordad mis palabras.
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