Autores | Contenido | Navegación

  • Featuring:
  • Mr Heston
  • LaWmaKer
  • Vindicare
  • Nrike
  • Joshua Norton
  • Parsec
  • and El Buscador, as itself.

También tenemos enlaces recomendados »


Un mes en Copenhague

Como mis hamijos más cercanos saben ?y supongo que el resto de lectores intuyen?, voy a pasar un tiempecito en Copenhague, gracias al programa Erasmus y tal. Me hubiera gustado haber empezado a relatar mi experiencia desde el día que llegué, pero como buen hijo de la LOGSE, voy a empezar un mes más tarde.

Llegué aquí el 28 de agosto, hace exactamente un mes. Volé desde Madrid hasta el aeropuerto de Copenhague con Spanair, por unos 80 euros ?aunque me podría haber costado la mitad si hubiera aterrizado en Malmö, la ciudad sueca que está al otro lado del estrecho de Oresund?, y tardé unas tres horitas. Es sorprendente, porque eso es BASTANTE menos que lo que me cuesta ir desde Barcelona hasta Huesca en autobús, o desde Madrid hasta Barcelona en tren ?y no es mucho más caro que este último caso.

Llegué completamente acojonado, porque ni había estado nunca en la ciudad, ni conocía a nadie. No tuve mucho problema para recoger las maletas, porque como cualquier aeropuerto que se precie, el de Copenhague tiene los carteles también en inglés, pero el temor de haberlas perdido me acompañó hasta que las tuve en mis manos.

Se fue el temor, pero llegó el dolor, porque cargar con cuarenta kilos de maletas no resulta nada cómodo, por muchas ruedecitas que tengan. Hablando de maletas, es repugnante el sablazo que te meten por cada kilo extra que llevas. Yo traía 42, es decir, 22 kilos más de los permitidos por persona, pero tuve la suerte de que la chica del check-in sólo marcó como añadidos 10 kilos, y sólo tuve que pagar 50 eurazos extra. Si llega a tener mal día y me marca los 22, me hubiera salido más barato comprar dos billetes… y encima hubiera ido bastante más cómodo. Cabrones peseteros…

Avión

En el avión. Estrecho de cojones, para variar.

En fin, con mis dos maletacas y la mochila me planté en el recibidor principal del aeropuerto. Eso estaba lleno de gente hablando un idioma que no había por dónde coger, así que me dirigí directo hacia el puesto de venta de billetes de tren, para llegar al centro de la ciudad. No tenía muchas ganas de enfrentarme a nadie humano así que eché un ojo a las máquinas expendedoras. Las instrucciones estaban en danés y en inglés ?”bingo”, pensé?, y sólo aceptaban monedas y tarjetas de crédito, así que decidí pagar el billete con tarjeta. Seleccioné el billete que intuí que debía comprar, metí la tarjeta, y… “Tag kort

¿Comorl? Se habían tomado la molestia de poner las instrucciones en los dos idiomas, pero la puñetera pantallita LCD sobre el lector de tarjetas seguía en perfecto danés.

“No me jodas, no me jodas”. Sacaba la tarjeta. La metía. La volvía a sacar. Y eso no tiraba ni para alante ni para atrás. Por suerte, al cabo de cuatro o cinco intentos una danesa que estaba detrás mío me dijo “Saca la tarjeta ahora”, la saqué, y cambió el texto de la pantallita.

“Pon el PIN ahora”. (”Ahhh joder, así funciona”). Introduje el PIN, y todo fue como la seda. Y es curioso, porque aquí la inmensa mayoría de los sitios donde puedes usar tarjeta funcionan así. Metes la tarjeta, la sacas, y entonces es cuando metes el PIN. Eso sí, en todas partes está en danés, así que si no tienes la suerte de que alguien te lo explique te puedes pasar puteado un mes, porque esos cacharros de intuitivos no tienen nada.

Con el billete en la mano, y el orgullo herido me dirigí a los andenes. Por suerte estaba todo perfectamente indicado, y sabías exactamente qué tren tenías que coger gracias a unas pantallas que indicaban dónde paraba el siguiente ?y cuándo iba a llegar, etc. Creo que es la ciudad en la que menos me está costando moverme, porque todas estas cosas están muy bien señalizadas. No hay cosa que me ponga más nervioso que no saber si el tren que va a llegar es el que tengo que coger, o por el contrario me va a mandar a casa Dios, y en Barcelona lo paso bastante mal. Aquí puedes llegar a los sitios sin sentirte perdido, porque usan la puta cabeza para hacer los carteles. Eso sí, cuando hablan por la megafonía no me entero de absolutamente nada, pero en esos casos miro al resto de la gente, y si ellos se mueven, yo voy tras ellos, que por algo será.

Tren

Aún no sé lo que significa.

Con el tren llegué hasta Nørreport, una estación tanto de tren como de metro y autobús, muy céntrica y la más transitada de Dinamarca. Paso por ella todos los días para ir a la universidad, pero aun llegando de nuevas es bastante complicado perderse. Una vez ahí, cogí el metro y me planté en Frederiksberg, el barrio donde está mi casa. Y ahí no tuve problema para reunirme con la dueña del piso, que me enseñó el resto del lugar.

Lo del metro de Copenhague es bastante curioso. Sólo tiene dos líneas, y más de la mitad del recorrido lo hacen en los mismos túneles. Pero es tremendamente moderno.

Entró en funcionamiento en 2002, y los trenes no llevan conductor; en lugar de la cabina hay un ventanal tanto delante como detrás que permite ver el túnel, que está perfectamente iluminado. Resulta muy espectacular ir delante, viendo pasar las luces a toda leche, acercándose a las curvas y todo eso. De vez en cuando hay algún retraso, pero la inmensa mayoría de las veces no he tenido que esperar más de dos minutos en la estación. Son trenes chiquititos, pero funcionan de lujo.

Tren

¡ZOMG, te puedes colar sin pagar!

Los primeros días me resulto sospechoso que no hubiera que pagar para utilizarlo. Llegué a la ciudad con la idea de que el transporte era caro de cojones, y de hecho llevaba desde España la Copenhagen Card ?que me dio un amigo?, un bono de 24 horas que en vez de llevar la fecha impresa, se la pones tú con un boli ?y donde hay tinta, hay quitaesmaltes para eliminarla día tras día? pero yo llegaba desde la calle y me plantaba dentro de los trenes sin encomendarme a nadie. Poco después descubrí que no sólo había que, obviamente, pagar, sino que si te pillaban sin billete te crujían con una multa de 500 coronas (unos 70?). De este modo, no había vallas, y te podías colar hasta la cocina sin pagar… siempre que no te pillaran, claro.

Por suerte no me crucé con ningún revisor, y ahora suelo utilizar la Copenhagen Card, hasta que me agencie una bicicleta. Yendo de normal, un billete suelto cuesta unos 3 euros y un bono de 10 viajes, unos 16. Además, de noche hay que picar dos veces, así que el sablazo es doble. Cosas de los países civilizados, qué se le va a hacer.

Volviendo al primer día, esa misma tarde Maite ?la chica que me alquila la habitación? me enseñó un par de supermercados en la zona, e hice mi primera compra… pero ese tema también tiene narices, así que lo reservo para más adelante.

Hespero ke os resulte hinteresante, hamijos.

Por cierto, estos días estoy tuneando bastantes posts antiguos para adecuarlos a la plantilla nueva, así que es más que probable que si usáis lectores de feeds como Bloglines y tal se os marquen como nuevos. Disculpadme, no tengo ninguna intención de sacaros de quicio premeditadamente :/

Mr Heston

• Publicado por Mr Heston
el 29 de September de 2007.

5 comentarios

• Publicado por Mr Heston
el 29 de September de 2007.

5 comentarios

Feed de los comentarios. Publicado a las 8:50h. Guardado en Copenhague, Erasmus, Personal

Vaya, la categoria personal no es la mas tipica aqui, asi que me encanta porque soy un cotilla integral.

Y lo de los trenes en Barcelona es real como la vida misma, cuando yo lo cogia para ir al aeropuerto o lo que fuera siempre iba jiñado porque podira perder el avion en cualquier momento gracias a sus practicamente nulas indicaciones.

Y lo de que no haya vallas en el metro me parece simplemente brutal, seguro que si alli hacen lo mismo en las carceles aun asi lo respetarian.

#1 | Alexliam
29/09/2007 | 11:02

El Metro de Madrid también es la risa, porque todos los vagones llevan los planos de todas las líneas. Hasta que no llegas a una estación no sabes si te has metido en el tren adecuado, o te has autopwnado.

Lo lógico es preocuparse por en qué línea estás ANTES de entrar en el tren, pero joder, nunca está de más confirmarlo una vez dentro.

En fin, me sacan de mi casillas xD

#2 | Mr Heston
29/09/2007 | 18:35

me parece interesante, sí

#3 | LaWmaKer
29/09/2007 | 18:57

Quien diría que llevas ya un mes en Copenhague. Podrías poner fotos de tu residencia y de la universidad, aunque supongo que eso lo dejarás para mas adelante.

Ah, se me olvidaba, y de danesas también claro…

#4 | Jorge?
29/09/2007 | 20:36

Las iré poniendo, las iré poniendo. En cualquier caso, insisto en que no estoy en residencia, sino en piso.

EN PISO.

xD

#5 | Mr Heston
29/09/2007 | 20:39

Deja un comentario

Publicidad

Entrada anterior 
Arriba
Entrada posterior

Brand New Blog utiliza WordPress para gestionar los contenidos, con la plantilla København de Eduardo Villuendas.

Todos los contenidos se distribuyen bajo licencia Creative Commons, excepto aquellos que pertenezcan a otras personas.

— Aquí amamos las itálicas y las rayas m —

København